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Francisco de la Fuente G.
FAUNA Alternativas a la caza indiscriminada Bolivia PDF Imprimir
Dos novedosos proyectos conservacionistas se desarrollan en Santa Cruz, uno en el ámbito comunitario y provincial, otro en el sector privado y en plena ciudad capital: el aprovechamiento del peni por guaraníes de Cordillera y el primer zoocriadero de pecaríes de bolivia | El plan de manejo de ambas especies aliviará la presión de la caza indiscriminada y permitirá a los involucrados el beneficio de la explotación comercial, ecológica y sostenible

 

El penetrante olor es un rasgo peculiar de la labor que se desarrolla y se percibe desde varias decenas de metros antes de llegar a la puerta de ingreso, y eso que el vehículo arriba al predio con el viento a favor. Un sonoro golpe seco proveniente desde atrás de la cerca de seguridad revela que los animales encerrados están alertas ante la presencia de extraños. Las fieras gruñen y hacen restallar sus afilados colmillos, mientras se desplazan con premura hacia la malla metálica y observan a los recién llegados con sus ojos oscuros. “Antes podíamos acariciarlos como si fueran perritos, pero, una vez que nacieron las crías, ya no podemos acercarnos”, dice Fernando Medina, propietario de El Papayal y gestor de un proyecto único en Bolivia: el primer zoocriadero de pecaríes con fines de explotación comercial en el país.

Los animales se muestran agresivos entre sí y también con las personas. Cuesta creer que, tras el olor característico, los filosos dientes y los hirsutos y gruesos pelos negro-cenizos que tamizan generosas porciones de barro reseco, se encuentra una de las piezas preferidas por los cazadores del país. En El Papayal --ubicado por el kilómetro 7 y medio de la carretera al norte-- cohabitan dos especies: el Tayassu tajacu, conocido como taitetú, y el Tayassu pecari o chancho tropero.

A cientos de kilómetros del criadero de pecaríes, en comunidades guaraníes de Alto y Bajo Isoso en la provincia Cordillera, se desarrolla otro novedoso proyecto conservacionista, cuyo protagonista principal no es el mamífero antes mencionado, sino un gran reptil de sangre fría. El Tupinambis rufescens, conocido en Sudamérica como lagarto colorado y en el oriente boliviano como peni, es objeto de un cuidadoso sistema de aprovechamiento sostenible que beneficia a originarios del lugar.

El peni es cazado desde tiempos inmemoriales por los indígenas de la Sudamérica precolombina, por su carne y su grasa principalmente. El cuero apenas tenía valor como materia prima para pequeñas artesanías o adornos en la vestimenta. Actualmente, unos 300 cazadores guaraníes descubrieron que el producto tiene demanda y que su aprovechamiento puede redundar en interesantes ingresos alternativos.

 

EL PRINCIPIO DEL CAMBIO

Para los amantes de la naturaleza y defensores de lo ecológico, puede ser muy difícil de creer que establecer cupos de caza y permitir el confinamiento de animales silvestres en granjas o criaderos es una forma de ayudar a la preservación de especies

Sin embargo, esto es precisamente lo que hacen los proyectos antes mencionados. En el caso del peni, los guaraníes tienen permiso para matar hasta 2.000 ejemplares anuales. Por el lado del pecarí, los animales están encerrados en un establecimiento casi urbano, en un hábitat controlado pero muy distante del bosque tropical seco o lluvioso que puede considerarse como su entorno natural habitual.

La diferencia en ambos casos la marca la implementación de los planes de manejo respectivos.

Según el Programa Nacional de Biocomercio Sostenible de Bolivia, un plan de manejo es un instrumento de planificación y seguimiento de acciones orientadas al aprovechamiento de especies silvestres bajo sistemas productivos propuestos. “En él se definen medidas para disminuir el impacto negativo del sistema productivo, las herramientas para potenciar los impactos positivos y los métodos para monitorear el desempeño de quien solicita el acceso al aprovechamiento”, señala la institución en su página web.

Un aspecto de mucha importancia es que el plan debe asegurar la sostenibilidad ecológica, económica y social del aprovechamiento planteado, para lo cual debe contar con los instrumentos necesarios para evaluar su grado de cumplimiento.

En ambos proyectos, quien evalúa su avance y ejecución es la unidad de Biodiversidad de la Prefectura del departamento de Santa Cruz. Francisco Aguilera, responsable del seguimiento, explica que el gobierno departamental valoró muy detenidamente cada plan para luego proceder a darle el visto bueno. En su oportunidad, se consideró la conveniencia de permitir la caza del peni en base al conteo de animales en la zona, mientras que en el caso de los taitetúes y troperos se vio la necesidad de contar con individuos para el repoblamiento en zonas donde su número está en franca reducción debido a la caza indiscriminada.

 

ACTIVIDADES ANCESTRALES QUE PRODUCEN UTILIDAD

Históricamente, la carne de peni ha sido una fuente alternativa de proteínas para los indígenas de buena parte del sudcontinente y los guaraníes de la provincia Cordillera no fueron la excepción. También históricamente, el cuero del saurio sólo era utilizado para fabricar pequeñas artesanías, algunos ornamentos en la ropa o amuletos en forma de dijes o pulseras. Sin embargo, la piel del peni alcanza buena cotización entre las grandes empresas talabarteras internacionales, por su calidad.

Esta situación fue observada por la Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje (Wildlife Conservation Society), que, en conjunto con la Capitanía de Alto y Bajo Isoso (CABI) y el Programa Nacional de Biocomercio, impulsó el proyecto de aprovechamiento sostenible de este lagarto gigante.

Actualmente, unas 300 personas de 31 comunidades de Alto y Bajo Isoso se benefician con la recolección y comercialización de cueros de peni. El plan de manejo respectivo fue aprobado por la Dirección General de Biodiversidad de Bolivia en septiembre de 2006 con la Resolución Ministerial Nº 188, informa el técnico Walter Ayala.

Los cazadores guaraníes de Isoso se aglutinaron en la Asociación Accidental de Caza y Comercialización de Cueros de Peni y Taitetú -AACCCPT- (el aprovechamiento de este último animal también bajo plan de manejo) y obtuvieron los permisos correspondientes para practicar cacería de subsistencia en las temporadas 2006-2007 y 2007-2008, con un cupo de 2.000 cueros de lagarto. ¡Primera vez en la historia del país que se obtenía el aval gubernamental para llevar adelante un proyecto de este tipo!

El tupinambis es un reptil de sangre fría, que reposa en invierno y vuelve a la actividad entre septiembre u octubre y abril. En estos meses el animal se reproduce, generalmente con la postura de entre 15 y 25 huevos, aunque se registran nidadas de hasta 36 crías. Llega a medir hasta 50 centímetros de la cabeza al ano (sin contar la cola). Los guaraníes cazan estos animales con armas de fuego o acorralándolos en sus cuevas con perros, donde se cava y se los sacrifica con un cuchillo o machete.

Ayala refiere que las dos veces se ofertó las pieles en el mercado local y en ambas oportunidades Curtiembre y Marroquinería D"addario se adjudicó el producto. La empresa capacitó a los comunarios en el descuerado y preservación de la piel, además de otros aspectos, como el tamaño mínimo para su aprovechamiento.

Al respecto, el técnico destaca que la empresa califica los cueros como de primera, segunda o tercera categoría. De primera debe tener entre 29 y 35 centímetros; de segunda de 25 a 29, y menos de esta medida es de tercera categoría. El precio para un cuero de primera alcanza los seis dólares, mientras que uno de segunda vale $us 3 y uno de tercera apenas $us 1,50.

“Así se garantiza que los cazadores guaraníes aprovechen sólo el cuero de animales adultos. Además, el periodo de cacería se inicia después de la época de apareamiento, para permitir el repoblamiento de la especie. Si un cazador captura un peni joven, sin el tamaño y peso correctos, sabe que se perjudica a sí mismo”, dice Ayala.

La población del reptil en el departamento aún no ha sido cuantificada, pero los técnicos de Biodiversidad de la Prefectura consideran que el cupo permitido a los comunitarios cordilleranos es relativamente escaso en relación a la potencialidad de la zona como productora de tupinambis.

Sobre el tema, Francisco Aguilera señala que los 2.000 cueros permitidos podrían triplicarse fácilmente, sin poner en riesgo la supervivencia de la especie.

Razones sobran para lanzar la hipótesis. Como ejemplo, basta conocer que la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Argentina estableció un cupo de un millón de cueros de tegu colorado (así se llama al peni en ese país) para su exportación, entre diciembre de 2007 y noviembre de 2008. “Aquí cabría esperar que se aumente el cupo permitido a los cazadores guaraníes, porque la población de penis no corre riesgo en el país, pero en este caso hay que trasladar la inquietud a la Prefectura”, dice Ayala.

 

ALTERNATIVA A LA CAZA

 

Los proyectos de aprovechamiento sostenible mediante planes de manejo pueden resultar una interesante alternativa conservacionista y, a la vez, comercial. Es el caso del zoocriadero El Papayal, dedicado desde hace dos años a la reproducción de taitetú y chancho tropero en cautiverio.

En principio, el objetivo es proveer a futuro de carne silvestre al restaurante La Casa del Camba, como una alternativa al menú tradicional del conocido local, informó Fernando Medina, gestor del proyecto.

Lo interesante es que los animales allí criados podrán ser utilizados para repoblar aquellas zonas donde la cacería pudiese diezmar la población salvaje, merced a un convenio establecido con las autoridades locales, agregó Medina.

La granja de pecaríes comenzó con 11 animales: cinco troperos (cuatro hembras y un macho) y seis taitetúses (cuatro hembras y dos machos), que fueron entregados por el Zoológico Municipal bajo el compromiso de que en caso de ser necesario se restituirán animales para repoblamiento.

Gracias al estricto seguimiento de un plan de manejo elaborado por el biólogo Róger Cuéllar Claudio, en la actualidad se cuenta con 30 taitetúes y 22 troperos... y el número sigue en aumento.

“Ambos animales pueden tener dos crías, dos veces por año. Los animales reciben alimentos frescos y son desparasitados con regularidad. Además, viven en espacios abiertos, que tratamos de que sean similares a su hábitat natural. Por eso se están reproduciendo sin problemas”, señala el biólogo.

En el zoocriadero no se ha sacrificado ningún animal hasta la fecha, por dos razones. La primera es que todavía se quiere esperar un tiempo para hacer crecer aún más el número de los integrantes de la manada. La segunda es que no se ha recibido aún la autorización de la Dirección General de Vida Silvestre, dependiente del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, aunque la entidad ha verificado el predio y ha expresado su conformidad con el trabajo desarrollado.

Una vez que se tenga un número alto de individuos de ambas especies y la luz verde de las autoridades del ministerio para su sacrificio y comercialización, los comensales de La Casa del Camba podrán saborear la carne de taitetú o de tropero, que se ofrecerá como una especialidad del local y sólo en días específicos, señala Medina.

El Papayal recibió la visita de técnicos de la Dirección de Vida Silvestre en los primeros días de septiembre. La repartición también recibió los informes de biodiversidad de la Prefectura cruceña, que dio fe de que el zoocriadero cumple con las condiciones necesarias para el aprovechamiento sostenible del pecarí. Esto torna muy probable que el permiso para faenar animales sea extendido hasta fin de año, con lo cual el tayassu tajacu y el tayassu pecari de granja reemplazarán a sus símiles silvestres, amenazados por la cacería ilegal.

 

 Nuevos proyectos en marcha

El éxito obtenido con la implementación de planes de manejo para el yacaré y la experiencia que se obtendrá con la ejecución de los proyectos para el aprovechamiento del peni en Cordillera y el taitetú y el tropero en Santa Cruz de la Sierra animan a las autoridades medioambientales de la Prefectura cruceña a innovar con nuevos proyectos, que podrían estar desarrollándose en muy corto plazo.

Según Erwin Peña, funcionario de Biodiversidad de la institución, los proyectos cruceños son únicos en el país y, dependiendo de su éxito, se los replicará en otros puntos del departamento. En el caso del taitetú o el tropero, toda la experiencia que se recopila en El Papayal servirá de base para emprendimientos similares en la provincia Guarayos, donde se hace necesario implementar planes de manejo con la finalidad de rescatar a ambas especies de una lenta pero inexorable extinción a causa de la cacería indiscriminada.

“En Guarayos estas especies están en peligro porque son muy vulnerables, debido a varios factores. Primero, porque a los animales se los caza en demasía y no se puede ejercer un efectivo control para impedirlo. En segundo lugar, el tema de la deforestación está afectando el hábitat de ambas especies y cada vez tienen menos lugares para reproducirse y alimentarse. Finalmente, la provincia es susceptible a los incendios forestales, lo que también se traduce en un alto grado de vulnerabilidad de la fauna”, manifiesta.

De la misma forma, la experiencia en el aprovechamiento del lagarto puede utilizarse en la zona de la Chiquitania, donde existen lugares con poblaciones interesantes de saurios y otros reptiles.

Sin embargo, los proyectos más novedosos se concentrarían en planes de manejo para la totaqui (Senaida auriculata), el jochi colorao (Dasyprocta variegata) y la vizcacha (Lagidium viscacia), indicó Peña.

En el caso de la totaqui, la conocida avecilla alcanzó la calificación de plaga en algunas zonas productoras de granos, como soya, sorgo y girasol. “Hay lugares donde la totaqui es responsable de la pérdida del 50% de la cosecha de granos, por lo que urge iniciar un plan de manejo que permita disminuir su población, mediante el aprovechamiento de su carne”, agregó el técnico prefectural.

En el caso del jochi, demás está decir que el gigantesco roedor significa una interesante alternativa nutricional para comunidades indígenas o campesinas, además de que se puede aprovechar su carne y su piel.

Finalmente, en el tema de la vizcacha, Peña asegura haber visto cómo los pobladores de ciertas zonas del Chaco no le prestan la mínima importancia, porque desconocen el valor de la explotación comercial del animal, tanto por su carne como por su piel.
 

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